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Eugenio de Andrés
Eugenio de Andrés
Socio Director – Subdirector General
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José María Diez
José María Diez
Gerente
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Cuentos sobre Compromiso: Ixca y el joven Tez

Marzo 2009
Publicado en Capital Humano Capital Humano
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Icono de título de primer nivelCuentos sobre Compromiso (I)
Icono de título de segundo nivelIxca y el joven Tez
Icono de título de tercer nivel¿Por qué compromiso? ¿Por qué cuentos?
Que haya menos movimiento en el mercado laboral no quiere decir que haya más compromiso. La situación económica actual está provocando un incremento en el paro, y mucho miedo en los profesionales que mantienen sus puestos de trabajo. El miedo es un mal compañero de viaje para superar este temporal. Ahora es cuando necesitamos que nuestros equipos pongan en juego toda su energía, todas sus ideas, arrimen el hombro con todas sus fuerzas para conseguir que nuestro barco llegue a buen puerto. Y eso no lo vamos a conseguir con el miedo, ya que provoca en las personas el efecto contrario: la inacción. El compromiso es la llave de la energía de nuestros profesionales, su implicación, su motivación para hacer lo que toca hacer en estos momentos. Por estos motivos hemos decidido abordar esta nueva sección donde vayamos desgranando las claves con las que forjar el compromiso de nuestros profesionales.
 
Y hemos elegido los cuentos porque pensamos que son de gran utilidad para enseñar cosas nuevas. La facilidad con que se recuerda la historia, y su importancia como nexo de unión, hacen del cuento un vehículo muy eficiente para provocar y anclar reflexiones. Más allá de una lectura amena, son una herramienta útil y eficaz que se puede poner en juego inmediatamente con nuestros profesionales: enviándola por email, utilizándola en charlas o presentaciones e incluso para que nosotros mismos podamos reflexionar de una forma diferente sobre nuestros propios punto de mejora. Esperamos que el resultado os resulte tan interesante como para nosotros apasionante su realización.
 
Icono de título de tercer nivelIxca y el joven Tez

La historia que te voy a contar ocurrió en Tenochtitlán, hace muchísimos años. Mucho antes de la aparición en la costa del Golfo de enormes canoas llenas de hombres blancos, mucho antes de la noche triste en la que Cortés lloró la pérdida de sus hombres. Te hablo del esplendor del pueblo azteca, de cuando aún dominaban el terreno que los dioses les habían asignado para vivir.
 
En esa época vivía un joven muy impulsivo llamado Tezozomoc, aunque por aquel entonces todos le llamaban Tez. Era alto y fuerte, inquieto y nervioso, incluso a veces un poco agresivo. Se encontraba desorientado porque no sabía a qué dedicar su vida. Recorría las calles de la ciudad interrogando a todo el que se le cruzaba sobre su profesión: “¿A qué te dedicas? ¿Te gusta? ¿En qué consiste? ¿Tú crees que me gustaría a mí?...”. Un sinfín de preguntas que, agobiados, trataban de responder aunque rara vez sus respuestas conseguían satisfacer a Tez.
 
Pero una mañana en uno de sus inquisitivos encuentros, Tez encontró una respuesta que llamó su atención: “Si tienes tantas dudas deberías visitar a Ixca, es la persona más sabia de Tenochtitlán, y seguro que te podrá ayudar” – le dijo una vieja anciana que vendía maíz en un destartalado tenderete.
 
Dicho y hecho, Tez se dirigió hacia la muralla norte, a un pequeño barrio cerca del canal de Malinche. Poco a poco fue acelerando el paso, hasta, sin darse cuenta, echar a correr. Estaba ansioso. A lo mejor ese maestro podría por fin resolver sus dudas.
 
Ixca, era un alegre anciano bajito, moreno, delgado y fuerte al mismo tiempo, como una caña tostada por el sol. Había pasado gran parte de su vida viajando a pie por todo el continente y era considerado una de las personas más sabias de Tenochtitlán, aunque tenía fama de iluso y excéntrico.
 
Tras varias preguntas atropelladas a otros tantos desafortunados, Tez encontró la casa del sabio. Casi sin dejar de correr, empujó la puerta e irrumpió con ímpetu en aquella tranquila y sencilla estancia. Allí, de pie, junto a una pequeña mesa de madera, se encontraba Ixca. Tez, casi sin aliento, se presentó en apenas tres palabras y comenzó su particular rosario de dudas: “Maestro, ¿debo ser guerrero? ¿La guerra es muy terrible? ¿Sería mejor que fuera comerciante? ¿Es muy difícil vender?…” - Ixca escuchó en silencio preguntas y más preguntas – “¿Qué hago? ¿Vasijas? ¿Quizás es mejor para mí ser artesano?...” - hasta que de repente le interrumpió - “¿Tez, verdad? Pareces cansado. Has venido corriendo desde la otra punta de la ciudad. Déjame que te sirva un vaso de pulque”.
 
Mientras el maestro cogía la jarra, Tez esperaba impaciente, las preguntas hervían en su interior. Ixca se fijo en como apretaba sus puños, fruto de los nervios, y trató de tranquilizarle: “Espera, no tengas tanta prisa. ¿Quién sabe? Quizá tus preguntas se respondan mientras tomas el pulque…, o incluso antes”.
 
Tez se sentía desconcertado. Empezó a pensar que todo esto era una pérdida de tiempo, que ese hombre no parecía un sabio y sí un poco loco: “¿Cómo se van a responder mis preguntas bebiendo un licor? ¿Qué tiene una cosa que ver con la otra? Más vale que me escape de aquí cuanto antes”. Pero Ixca interrumpió sus pensamientos dándole un vaso con un platillo debajo, y empezó a servirle el pulque.
 
El vaso ya estaba lleno, pero el viejo seguía vertiendo licor. El líquido comenzó a rebosar sobre el platillo, pero él seguía echando. Entonces se llenó también el platillo. Una gota más y el pulque empezaría a derramarse por el suelo. En aquel momento Tez gritó: “¡Alto! ¿Qué haces? ¿Estás loco o qué? ¿Acaso no ves que el vaso ya está lleno? ¿No ves que el platillo también está lleno? Vas a desperdiciar el licor…”. Ixca dejo de servirle, y dijo muy pausadamente: “Ésta es la situación exacta en la que te encuentras. Tu mente está tan llena de preguntas que, aunque yo te las respondiera, no tienes lugar para las respuestas. Pero pareces un chico inteligente. Te has dado cuenta de que, ahora, una gota más no habría ido ni a al vaso ni al platillo, habría empezado a derramarse por el suelo. Y eso mismo te digo, desde que entraste aquí tus preguntas rebosan por todas partes. Este lugar es pequeño, ¡pero lo has llenado con tus preguntas! Date la vuelta, vacía tu cabeza, deja tus preguntas aquí y vuelve a tu casa paseando. Tienes que crear un poco de espacio dentro de ti”.
 
Tez salió confundido, pero decidió hacer caso al viejo maestro y regresó a su casa dando un largo paseo. Tras unas horas, a unas pocas cabañas de su destino, el sonido aflautado de las chirimías llamó su atención, se trataba de la llegada de una batalla de unos valientes y triunfantes guerreros, y de todas las casas y templos, salía gente a recibirlos entre vítores y alabanzas.
 
En ese momento un escalofrío recorrió todo su cuerpo, su vello se erizó y sus ojos se llenaron de lágrimas. Por fin había encontrado lo que buscaba: ¡Quería ser un guerrero!
 Las lecciones de Ixca
Icono de título de tercer nivelFuego lento
Si queremos ser capaces de forzar el compromiso con las personas de nuestros equipos tenemos tener claro que se trata de un largo viaje. El compromiso se construye, ni se compra ni se regala. De nada sirve querer correr, las buenas recetas necesitan cariño y fuego lento, el compromiso también. Debemos huir de la impaciencia, no por insistir mucho, por forzar la situación como el joven Tez vamos a conseguir resultados antes. Tenemos que ser constantes, y tener la voluntad de andar cada día un tramo de este viaje. Preocupémonos de que la dirección sea la correcta, de no desviarnos, de no parar y dejar que el tiempo haga el resto.
Icono de título de tercer nivel El primer paso
Al igual que Tez no era capaz de encontrar las respuestas porque estaba lleno de preguntas, nosotros no podremos comprometer a nuestros profesionales si antes no dejamos hueco dentro de nosotros para el compromiso. Es decir, se trata de un proceso recíproco; el primer paso del camino corresponde al líder, y consiste en ser capaces de comprometernos con nuestras personas. Para ello tenemos que deshacernos de nuestras dudas, de liberarnos de todo el lastre, para poder, primero crear y luego trasmitir nuestro sincero compromiso con el equipo. Como decía un proverbio chino, todo camino, por largo que sea comienza con un primer paso, y en el viaje al compromiso, este debe ser el primero.
Eugenio de Andrés
Socio en tatum, consultoría comercial, de marketing y de personas
 
José María Díez
Gerente en tatum, consultoría comercial, de marketing y de personas
 
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