EL RELATIVO ARTE DE LA INNOVACIÓN EMPRESARIAL

EL RELATIVO ARTE DE LA INNOVACIÓN EMPRESARIAL

Hace unos días, se celebró la nueva edición de la WWDC. Para los no iniciados en la era de la evolución tecnológica permanente, el WorldwideDevelopersConference, o Conferencia Mundial de Desarrolladores, es un evento organizado cada año por Apple Inc. en California desde el año 1983.

En esta Conferencia, el objetivo es mostrar las novedades en software, hardware y tecnología varia, con especial magnificencia del gigante de la manzanita.

apple

En estas nuevas jornadas, tras 26 ediciones de continuas novedades, Apple anunció en primicia una serie de nuevas e innovadoras ideas que trae para este año. Desde el renovado iOS 9 al nuevo sistema de música en streaming. Pero, ¿cuánto de “innovación” y cuánto de “imitación” tienen las novedades de este año?

Está claro que con Android y Google pisándole los talones, este año Apple ha decidido pasar al ataque, y se ha sacado de la manga nuevos servicios para sus productos. Sin embargo, para algunos, lo que Apple ha hecho ha sido integrar en su pequeño universo particular una serie de aplicaciones que ya están inventadas.

¿Podemos seguir catalogando, entonces, a Apple de “empresa innovadora”, como el propio Steve Jobs la definió en su día? ¿”Sorprender” con una nueva disposición de ventanas para el nuevo OS X, similar a la de Windows 8 de Microsoft, con un sistema de información de transporte público de Mapas, similar a Google Maps, o con un nuevo sistema de música en streaming, similar a Spotify, es realmente sorprender?

Quizás sí. A pesar de todo, quizás sí. No debemos olvidar que, antes de convertirse en prácticamente un estilo de vida para un determinado segmento de la población, Apple nació como empresa. Y dentro del mercado al que se enfrenta, tiene la misión de ser una empresa competitiva. Desde hace tiempo, Apple consigue presentar una serie de productos con los que crea nuevas líneas de desarrollo, nuevos nichos de venta o incluso llega a reinventar productos obsoletos en el tiempo.

Apple sabe que hay información, la recoge y la adapta a sus necesidades y a su filosofía y, de esta manera, va creando un conglomerado que se refuerza año tras año, pues integra en un único sistema, SU sistema, todos los servicios que se ofrecen en distintas plataformas.

Así, consigue ser una opción cada vez más fuerte y completa que la competencia y alcanza un grado de satisfacción y fidelidad en sus clientes más alto, pues no tienen que buscar fuera lo que ya consiguen con la marca.

 ¿Qué podemos aprender de Apple? No se trata de imitación por imitación. No es cuestión de copiar una fórmula exitosa y esperar que con eso baste. Hay que dar más. Si no ofreces algo, un plus, que no ofrezca tu competencia, el cliente no tendrá un “por qué” para cambiar. Y aunque consigas que cambie, no lo podrás fidelizar.

Pero, para empezar, hay que saber qué información nos es útil y qué información podemos desechar. Tenemos una cantidad ingente de información, pero hay que saber dónde encontrar esa información, cómo manejarla y, sobre todo, cómo interpretarla. Podemos saber que hemos hecho un buen uso de la información cuando encontramos “eso” de lo que no habíamos sido conscientes y que sale a la luz gracias a los datos.

Y son estos datos los que pueden ayudarnos a ofrecer una nueva manera de aproximarnos al cliente, de establecer otro tipo de relación que le aporte un valor añadido más allá de nuestro producto. Abrirnos para ser conscientes de los problemas que debemos afrontar como empresa, pero de manera colectiva e innovadora. Y generar un cambio de mentalidad que permita a la compañía dirigirse a la “persona” en lugar de al “cliente”.

Además, es una valiosa manera de conocer y observar a los competidores y ver el camino por el que avanza el sector, lo que también genera ideas para nuevos desarrollos de negocio.

Abrirse a fuentes de datos externas, como redes sociales, es un must por el que debe de pasar toda empresa para avanzar, renovarse y prosperar en el mercado.

Dicen que “la tecnología está acelerando la capacidad de escuchar los problemas”. Realmente, estamos en una era de evolución tecnológica permanente, y debemos subirnos al carro de la innovación, aunque sea una “innovación” tan relativa como la de Apple.

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